
No podía fallaros y no lo he hecho. Terminado mi viaje por tierras centroeuropeas, aquí están los testimonios visuales de mi periplo.
He estado en Budapest, Praga y Viena (orden de las fotos en esta entrada, de arriba a abajo, que no del viaje).
Aparte de haber temido por mi vida, ya que por estos lares se come mucho cordero de maneras variadas, y la invasión de Kebaps en cada esquina, la visita fue de lo más agradable.
He paseado por las orillas del Danubio y el Moldava; visitado los palacios de los Habsburgo fruto de la plenitud de sus cientos de años de reinado en tierras austro-húngaras, o del sacro imperio romano germánico, he dormido en trenes y en hostales de lo más variopinto, y deambulado por lugares de lo más pintoresco...


Pero visto lo visto, y tras la experiencia, pienso que no hay praderas más verdes que las gallegas, ni clima más agradable para un oveja como yo, que el de la templada costa gallega (que se quite Austria y sus 30 y pico grados de día y de noche, o las frías madrugadas de Praga...)
Eso sí, el viaje no me ha quitado las ganas de embarcarme en más aventuras, y ya estoy planeando la próxima, cuando tenga tiempo que sacar de mi apretada agenda, y se resarzcan mis lanudos bolsillos...
Foto 1: desde el Bastión de los Pescadores, en lo alto de Buda (Budapest).
Foto 2: orillas del Moldava, Puente de Carlos (Praga)
Foto 3: Observando el Museo de Historia Natural (Viena)